martes, 23 de noviembre de 2010

El subalterno, la autoridad sin ninguna autoridad.....¿?

Definamos subalterno, propongamos subalterno a la persona que no tiene la posibilidad de obtener una educación primeramente, esa persona que no tiene la posibilidad y/o la oportunidad de adquirir ciertos conocimientos o reconocimientos (títulos) que lo conviertan en una autoridad para hablar sobre algo.

Un subalterno tiene muchas limitaciones técnicas para hablar sobre algo, pero no para pensar sobre las cosas.

Si un subalterno quisiera hablar siendo una autoridad, implicaría necesariamente adquirir una autoridad informalmente, es decir que gracias a la aceptación y reconocimiento como representante para ser escucado.

Cómo puede un subalterno ser escuchado, necesita llamar la atención momentáneamente para no perder su calidad de subalterno, para mantenerse como subalterno necesita ser cocedido de la palabra, es decir cuando el poder no ejerce su poder inmediatamente sino que recurre a los liderados para que dormulen soluciones, se plantean soluciones básicas respectivas a lo que puede estar afectando directamente al subalterno, dándole así la capacidad de expresarse, independientemente de cómo hable, y de ser parte de la solución, pero nunca fue la autoridad, logró der un regulador, un encaminador de custiones, logró llamar la atención y dejar que el grupo que respalda al subalterno hable por el subalterno.

Subalterno en masculino no me parece relevante la verdad. Subalterna, refiriéndome a las mujeres me parece mucho más oportuno, aquellas voces calladas y limitadas a labores monótonas que no les permitían un crecimiento intelectual del cual disfrutamos hoy en día. Si pensamos en subalternos, inmediatamente recordemos a las mujeres, quienes eran consideradas casi seres humanos. No poder expresarse, no poder tomar desiciones, limitarse a un marido, un esposo que la mantenga y que haga de ella prácticamente lo que se le placiera. La falta de autoridad para expresarse, notese claramente que no digo la falta de libertad de expresión, esa falta de la que hablo no simplemente nos deja de lado de las decisiones, nos pone por debajo, nos esclaviza y nos deja como adornos o accesorios sin valor.

Puedo concluir diciendo que esta falta de permiso para ser autoritarios respecto a expresarse logró en el pasado que las minorías, las clases que menos podían expresar, negros, indios, mujeres, etc. hayan estado tan por debajo del hombre blanco-mestizo (blanco sobre mestizo de todas maneras) refundidos ocupando los cargos y haciendo los trabajos (con suerte) que ellos no elegirían ni por error realizarlos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Mi historia con minúscula es mi Historia con mayúscula

Hacer diferencia de la historia con minúscula y la Historia con mayúscula me pone a pensar nuevamente sobre esa pregunta que retumba en los oídos de todo el mundo y que cualquier respuesta es fácilmente discutible. ¿Quién soy yo? hay muchas respuestas que no son necesariamente las mejores, si digo soy Nicolás Asanza estoy respondiendo a la pregunta ¿Cómo me llamo?, si digo soy ecuatoriano, a la pregunta ¿Qué nacionalidad tengo?, soy un estudiante, a ¿Qué es lo que hago?, soy un hijo de Dios responde  a ¿Qué creencia religiosa poseo?, etc, etc,etc.
Lo único que puedo decir con certeza es que soy todo lo que he logrado ser, no todo lo que he querido. Para afirmar que soy todo lo que he logrado ser necesito traer a colación cada cosa que he hecho, y no precisamente reponde a la pregunta ¿Qué he hecho?, porque mi pasado implica en qué pensaba, cómo era, cómo soy, a dónde me llleva, estoy féliz o agusto con lo que hago, etc. Entonces mi pasado es lo único que puede decir de mí quíen soy. Mi historia es necesariamente mi pasado, a pesar de que historia implica que se necesita una perspectiva para hablar de aquello, de mi historia.
En fin, ¿Quién soy yo?, puedo responder que es una pregunta casi imposible de resolver, pero puedo afirmar que conociendo mi historia y mi pasado es un buen punto para empezar a dar una respuesta.